De las confusiones entre discursos de extrema derecha y de extrema izquierda que se desarrollan a nivel internacional, por Philippe Corcuff – 2 de mayo de 2026

Un llamamiento internacional contra la guerra americano-israelí en Irán, llamada “Una declaración a la consciencia de la Humanidad” y firmada por 175 “personalidades” originarias de 30 países ha circulado recientemente sobre diferentes blogs y redes sociales. Su publicación, el 10 de abril sobre el sitio estadunidense CounterPunch, acompañado por una introducción complaciente, le ha dado una amplia difusión. Esta iniciativa podría anunciar una fase aún más internacionalizada del confusionismo político.

Amplias interferencias retoricas se han desarrollado en Francia a partir de mediados de los años 2000 entre discursos de extrema derecha, de derecha y de izquierda, sobre la base de un retroceso del clivaje izquierda/derecha. Estas confusiones han contribuido a reforzar la presencia de las ideas de extrema derecha en el debate público y a desregular aún más las brújulas de la izquierda.

Para entender mejor este proceso, he tomado a La arqueología del saber de Michel Foucault (Gallimard, 1969), la noción de “formación discursiva”. El confusionismo puede así ser leído como una formación discursiva, en el sentido de un espacio retorico compuesto, en movimiento, y sin piloto: es alimentado por interlocutores diversos, a veces opuestos, poco conscientes que consolidan al dila de las evidencias parcialmente compartidas. No solo es un fenómeno francés: en un artículo de la Boston Review publicado el 12 de enero 2021, los investigadores William Callison y Quinn Slobodian pusieron en evidencia fenómenos análogos que llamaron “diagonalismo”, o sea una diagonal que conecta polos alejados, comparando las situaciones alemanas y estadunidenses.

La convocatoria internacional a la cual hago referencia describe un mundo donde los Estados Unidos son del lado del mal e Irán del lado del bien, según una visión geopolítica dualista y esencialista, o, como lo habría dicho el filósofo Daniel Bensaïd, un “anti-imperialismo de los imbéciles”. Los Estados-Unidos, “durante 249 años – o sea toda su existencia desde 1776” encarnarían esencialmente el crimen y el genocidio, sin contradicción, ni transformaciones en el transcurso del tiempo. Una esencia que, desde su origen, se desarrollaría imperturbable: “la manzana está podrida por dentro” podríamos decir… Frente a eso, el texto glorifica el antiguo régimen del guía Supremo, Ali Khamenei, “reconocido internacionalmente como una voz contra la arrogancia y el terrorismo”, y el régimen que condujo: “su continuidad civilizacional y su unidad social han fusionado en una fuerza única y inquebrantable”.

Aplastar los matices

Nada es dicho de la opresión teocrática y sanguinaria propia a esta República islámica. Como si no se pudiera condenar al mismo tiempo la guerra estadunidense e israelí que golpea a los civiles iraníes y libaneses, la dictadura iraní y la violencia del Hezbollah. Como si no se pudiera manifestar todo a la vez en solidaridad con los ucranianos agredidos, con los israelí masacrados el 7 de octubre, con los gazaouis afectados por un proceso genocida, con los libaneses bombardeados y con los iraníes doblemente heridos. Como si la opresión fuera una y no plural. Como si el maniqueísmo debía aplastar dentro del pensamiento crítico los matices y por lo mismo la intersección de lógicas de dominación diversificadas, y a veces contrarias.

El confucionismo del llamamiento radica aún más en quienes lo firman. Tomemos solo algunos ejemplos significativos. Del lado de la izquierda, el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, figura de los «epistemólogos del Sur», el sociólogo estadunidense de origen portorriqueña Ramón Grosfoguel, estrella del pensamiento decolonial latino-americano, el historiador de la India Vijay Prashad, reclamándose del marxismo y del movimiento queer. Del lado de la extrema derecha, varios franceses, entre ellos el fundador de la « nueva derecha », Alain de Benoist, el humorista antisemita y negacionalista Dieudonné, y el dirigente neonazi y proPoutine, Yvan Benedetti. El resto, bastante conspiracionistas, posicionados o a veces circulando, entre lo más a la derecha y lo más a la izquierda.

Conspiracionismo

En cuanto al sitio más reconocido que publicó el llamamiento, CounterPunch, tampoco nuevo en el uso del confusionismo. Se trata de una revista situada a la izquierda de la izquierda nacida de una newsletter creada en 1993. El 2 de marzo 2003, es descrita en The Guardian como “uno de los sitios políticos más influentes” de Estados Unidos. Desde 2004, publica artículos complacientes respecto al negacionismo. La niebla se espesa sobre todo en los años 2010 con textos conspiracionistas. Durante esa época, autores antisemitas como Israel Shamir o Gilad Atzmon se expriman regularmente en sus columnas, así como Paul Craig Roberts, antiguo subsecretario de Estado de la administración Reagan que ha evolucionado hacia un suprematismo blanco. Y eso en medio de numerosos autores etiquetados a la izquierda.

En un primer momento, un tal llamamiento yuxtapone simplemente personas que no necesariamente están en relación las unas con las otras. Esto constituye luego una base susceptible de activar los flujos internacionales de palabras claves y sus traducciones reciprocas en contextos nacionales diferentes.

Frente al desafío nacional e internacional del confusionismo y de la extrema derechización, la izquierda tiene frente a ella que hacer un trabajo en profundidad: reconstruir vínculos de proximidad con los sectores populares, las clases medias y los movimientos sociales, reinventar un imaginario emancipador común y un nuevo internacionalismo al modo de una galaxia polifónica.

Philippe Corcuff es profesor de ciencias políticas en Sciences Po Lyon y miembro del Colectivo de lucha antifascista contra el racismo y el antisemitismo (CLARA). Es el autor de ‘La grande confusion. Comment l’extrême droite gagne la bataille des idées‘ (Textuel, 2021).

El original francés de este artículo de opinión fue publicado por primera vez en Le Monde. Esta traducción al español, a cargo de Maya Collombon, se publicó por primera vez en el Blog de Left Renewal. Para una versión en inglés, véase aquí.

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