Desmontando el mito del hombre que no puede ser violado
Nos equivocamos al limitar el discurso de las víctimas a las mujeres y los niños, e ignorar la violación de la integridad corporal de los hombres, porque inconscientemente aceptamos una narrativa que ve el cuerpo masculino como el cuerpo de un guerrero que no puede ser violado, como fuerte y, por lo tanto, inviolable.
Desnudar a los hombres en masa, fotografiarlos, obligarlos a adoptar posturas degradantes o violarlos en las cárceles es violencia de género. Se trata de destrozar la imagen del padre protector y redefinir el cuerpo masculino como un cuerpo violable.
En una sociedad patriarcal como la nuestra, el hombre es visto como fuerte, protector, símbolo de dignidad. La violación del cuerpo masculino a manos del poder colonial ataca precisamente a este punto.
Como personas queer, debemos negarnos en primer lugar a ver el cuerpo masculino como invulnerable, o a tratar la agresión contra él como algo menos grave que la agresión contra el cuerpo de una mujer o menor de edad. El colonialismo sujeta a los hombres palestinos a violencia de género, atacando sus cuerpos como hombres en primer lugar.
El silencio de la sociedad ante el desnudamiento forzado y la violación de los hombres en las cárceles israelíes, y el tratamiento del cuerpo masculino como algo creado para soportar el sufrimiento, revela la intersección entre el patriarcado y el colonialismo. La autoridad patriarcal permanece en silencio cuando el cuerpo masculino se convierte en objeto de violación por no querer romper la imagen estereotipica de la masculinidad; el poder colonial, a su vez, se siente protegido por el silencio social y la normalización.
La guerra genocida contra Gaza nos ha enseñado que la liberación y la rendición de cuentas de un régimen criminal no pueden producirse sin liberar al cuerpo de la dicotomía entre la vergüenza (para las mujeres) y la fuerza (para los hombres). No resistiremos mientras sigamos avergonzados de nuestros cuerpos violados. El cuerpo palestino, sea cual sea su identidad sexual, es un sitio de dominación colonial.
Ward es una plataforma queer palestina fundada por personas queer palestinas de Gaza como un espacio de expresión, libre de censura y estereotipos.
Este texto fue publicado originalmente por Ward en Instagram @ward.gaza.queer.
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