Un comentario sobre el debate poselectoral sueco y el discurso de extrema derecha sobre el «ganado electoral importado», por Tobias Hübinette — 18 de septiembre de 2026

El 13 de septiembre, Suecia celebró elecciones nacionales, regionales y municipales. Una alianza rojiverde de centroizquierda, encabezada por los socialdemócratas y su líder, Magdalena Andersson, ganó por un estrecho margen de apenas unos 50 000 votos. El primer ministro Ulf Kristersson, que tras las elecciones de 2022 había formado un gobierno de coalición de derechas dependiente del partido de extrema derecha sueco, los «Demócratas de Suecia» (SD), ha dimitido ahora. Los SD se diferencian de la mayoría de los demás partidos de extrema derecha de Europa en que tienen raíces nazis y fascistas, y no populistas de derecha; en 2022, con el 20,54 % de los votos, se habían convertido en el segundo partido más grande, por detrás de los socialdemócratas.

En estas elecciones, los SD —que casi habían duplicado su porcentaje de voto en cada comicio desde su primera entrada en el Parlamento sueco en 2010— retrocedieron por primera vez en unas elecciones legislativas y obtuvieron el 17,5 % de los votos. Con ello, los SD perdieron también su posición como segundo partido más grande de Suecia, recuperada por el propio partido liberal-conservador de Kristersson, los «Moderados». Dado que el gobierno de coalición de derechas de Kristersson siempre había dependido por completo de los SD —en aquel momento mayores que los Moderados—, los SD habían podido transformar la antaño generosa política migratoria de Suecia en la más restrictiva de la UE.

Sin embargo, los SD no lograron endurecer las normas para la adquisición de la ciudadanía sueca hasta el final del mandato de Kristersson, cuando se introdujo un examen de ciudadanía. Como resultado, alrededor de 150 000 inmigrantes adultos se convirtieron en nuevos ciudadanos suecos entre 2022 y 2026. La inmensa mayoría de ellos son inmigrantes no occidentales, procedentes sobre todo del África subsahariana y de la región SWANA, y probablemente en su mayoría arabófonos y musulmanes: un hecho estadístico que se ha convertido ahora en un tema muy disputado en el debate poselectoral.

Ya durante la campaña electoral, el veterano líder de los SD, Jimmie Åkesson, afirmó en el último debate televisado entre los cabezas de lista, dos días antes de los comicios, que los musulmanes bien podrían decidir el resultado, y que sería la primera vez que unos inmigrantes lo hicieran. Está bien documentado que los inmigrantes no occidentales y sus hijos han votado con fuerza por los socialdemócratas a lo largo de los años, y en parte también por el antiguo partido comunista reformado de Suecia, el «Partido de Izquierda».

A medida que se hacía cada vez más evidente que la alianza rojiverde de Andersson había ganado las elecciones, aunque por un estrecho margen, varios altos dirigentes de los SD empezaron a explicar la derrota señalando a los 150 000 nuevos ciudadanos suecos, alegando que sus votos habían decidido el resultado y que los socialdemócratas habían «importado» inmigrantes no occidentales y musulmanes. Una entrevista radiofónica con el tristemente célebre dirigente de los SD Kent Ekeroth se hizo viral después de que describiera a estos nuevos votantes —en su mayoría no blancos, arabófonos y musulmanes— como «ganado electoral» (röstboskap en sueco). Otras destacadas figuras de los SD, como Tobias Andersson, también se han hecho eco de este lenguaje fuertemente racializador, calificando a los inmigrantes no occidentales de «ganado electoral» y afirmando que los socialdemócratas los habían «importado» como futuros votantes del partido.

Es cierto que muchos inmigrantes no occidentales, si no la mayoría, tienden a votar por partidos de izquierda en toda Europa. Pero la idea de que los socialdemócratas suecos «importaron» conscientemente a inmigrantes no blancos y musulmanes conforme a un plan maestro secreto para explotarlos como «ganado electoral» no es más que una variante de la teoría conspirativa del gran reemplazo.

Al momento de escribir estas líneas, representantes del propio partido de Kristersson, los Moderados, han reproducido también este denigrante discurso de extrema derecha sobre el «ganado» —por ejemplo, el diputado Fredrik Kärrholm—, y está claro, leyendo entre líneas, que algunos representantes de los SD llegan incluso a cuestionar el derecho de los inmigrantes no occidentales a votar en futuras elecciones. El gran temor es que los partidos de derecha de Suecia no puedan volver a ganar nunca unas elecciones a causa de los inmigrantes que se acusa a los socialdemócratas de haber «importado» como «ganado» dentro de un plan siniestro. La amargura de haber perdido las elecciones del 13 de septiembre, unida a la incapacidad del bloque de derechas para atraer a los votantes inmigrantes no occidentales, ha generado en conjunto un ambiente poselectoral paranoico de teorías conspirativas dentro de la extrema derecha sueca, un ambiente que augura un mal futuro para un país ya hiperpolarizado y dividido.

Tobias Hübinette es un investigador sueco en estudios críticos de la raza y la blanquitud que, además, vigila y sigue a la extrema derecha desde la década de 1990.

Este artículo apareció inicialmente en inglés en el Left Renewal Blog.

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